Cuerpo de Bomberos Voluntarios

Estación de Bomberos
Estación de bomberos “Panchito Sánchez Curbelo

Aunque desde épocas remotas existían bomberos honorarios en Güines, al principio el material de extinción era escaso y rudimentario, concretándose a varias latas de petróleo vacías que obedeciendo a una pragmática de la época, los comerciantes locales mantenían colgadas en sus respectivas tiendas. Cuando se declaraba un siniestro de importancia, en que las latas no eran suficientes para sofocarlo, nuestros beneméritos bomberos conseguían prestada de la compañía de ferrocarriles, una pequeña bomba de mano, que se consideraba en aquel entonces, como un poderoso extinguidor y que era conocida por el nombre de El Caimán.

A finales del siglo XIX, el Dr. Francisco Sánchez Curbelo, (Panchito) como cariñosamente se le llamaba, una de las figuras cívicas más destacadas de Güines, junto con un grupo reducido de amigos y simpatizantes de la idea, se dió a la inmensa obra de crear un Cuerpo de Bomberos para proteger y asistir a la Villa y a sus fincas y pueblos aledaños y combatir los estragos de voraces incendios o cualquier otra calamidad pública.

Fue una tarea difícil y tenaz, pero con la ayuda de los vecinos, de los propios miembros y de las autoridades, se creó finalmente el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Güines en 1887 y se comenzó a construir su Casa Cuartel en edificio propio en la calle Habana #16 después renumerado #356. Este Cuerpo de Bomberos fue bautizado como Panchito Sánchez Curbelo en honor a su creador y gestor.

Años más tarde, cuando El Caimán se convirtió en un cacharro ridículo y su aparato de succión caía con frecuencia en lamentables cancaneos, el Cuerpo de Bomberos comenzó a pensar en la necesidad inaplazable de adquirir una máquina apta para cubrir las necesidades que imponía el progreso.

Comenzó la reorganización del mismo y en septiembre de 1894 se hizo una fiesta a la que concurrió el capitán Marín, con un banquete en el restaurante Trabal (esquina de las calles Máximo Gómez (antigua Real) y Trujillo) y revista al mediodía, a la que asistieron distinguidas personalidades de la Villa. Cuando Raimundo Cabrera Bosch, el insigne güinero, vió el entusiasmo de su coterráneos por la benemérita institución, ofreció regalar de su peculio una flamante bomba de incendios. Llegó a la Estación de Villanueva en noviembre de 1894, acudiendo el pueblo en masa al paradero a esperar el soberbio aparato, donde quedó armado allí inmediatamente y sacado por los mismos bomberos que tiraban de El Caimán con más de 500 vecinos y la Banda de Música. La nueva bomba era de tracción animal, tirada por un caballo llamado Cuba siendo sus maquinistas Antonio González y Daniel Ayala. Fue guardada provisionalmente en la residencia del médico Castellanos, bombero distinguido y factor indispensable para todos los actos que tuvieran lugar en Güines, cualquiera que fuera la índole.

Mientras se construía el Cuartel, muchos güineros hicieron donativos importantes, entre ellos, un lujoso botiquín, regalado por don Juan Ramos, boticario y bombero entusiasta. Finalmente, terminado el edificio e instalado el equipo y material, fue bendecido todo por el párroco Clemente Pereira y Casines, siendo Raimundo Cabrera y su esposa padrinos del Cuartel y su hija Graciela, la madrina de la flamante bomba.

La institución se sostenía con el aporte de los vecinos, comercios, ingenios y el Ayuntamiento. Todos los miembros del Cuerpo de Bomberos eran voluntarios, sin recibir retribución alguna, a excepción de los que trabajaban en la misma Casa Cuartel.

Integraban el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Güines personas de todas las clases sociales y razas, sin distingos, uniéndolos en esta tarea, su amor a la institución y su espíritu cívico y ciudadano, prestos a los mayores sacrificios, pensando sólo en el bienestar de la colectividad, sin recompensa, a no ser la satisfacción del deber cumplido.

La cooperación de todo el vecindario, instituciones y autoridades cuando había algún siniestro, era ejemplar. Un primer aviso que alertaba al pueblo, era la iglesia parroquial con el tañir de la campana grande de su campanario, con un sonido ronco y fuerte que se oía en toda la Villa. Cuando en 1906 se establece el alumbrado público, se instaló poco después, como sistema adicional, una potente sirena en la azotea de la Casa Cuartel que avisaba de un incendio al vecindario y a los bomberos voluntarios que estaban ocupados en sus distintos empleos y profesiones.

Es curioso notar aquí el sistema que el Cuerpo de Bomberos divisó para alertar a sus miembros y a la población, de la localización aproximada del siniestro tomando como punto inicial de referencia, el parque Arango y Parreño. Si eran dos sirenazos, uno largo y otro corto, el incendio estaba ocurriendo del parque hacia el barrio de La Quinta (oeste de la población); si eran dos sirenazos largos, la conflagración ocurría del parque hacia el Residencial Mayabeque o la Fábrica de Hielo (este y sureste); si era un sólo sirenazo corto, el fuego era hacia la salida de la Villa hacia La Habana y el reparto El Vedado (norte); si eran dos sirenazos cortos, el siniestro se producía del parque hacia la salida de la carretera a la playa del Rosario (sur) y si el sirenazo era uno sólo prolongado quería decir que era fuera de la zona urbana, pues la responsabilidad del Cuerpo de Bomberos abarcaba una inmensa zona en el sur de la provincia de La Habana, tales como los pueblos de Melena del Sur, San Nicolás de Bari, Catalina de Güines, Nueva Paz, Vegas, Los Palos y otros. Con el tiempo, se instaló también un centro telefónico, con varios aparatos por la Villa para que pudieran avisar gratis al Cuartel. Las compañías de electricidad y teléfono, no cobraban por estos servicios.

El alcalde municipal Eduardo Grau Gómez (1916-1920) con la aprobación del Ayuntamiento donó la primera bomba de motor, llevando la misma su nombre. El Dr. Carlos Prío Socarrás, presidente de la República (1948-1952), donó una moderna bomba en el año 1950 o 1951, la cual se bautizó con su nombre y de la cual se decía que era la mejor que había en Cuba. El tercer equipo adquirido por tan benemérita institución fue un Carro Tanque de Auxilio, para funcionar en los lugares donde no fuera posible tomar el agua directamente para bombearla, que fue construído localmente en la carpintería de Zabalo.

Es imposible mencionar a todos los que apoyaron y cooperaron con el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Güines, porque esa institución fue como una gran familia que aglutinó en sus filas, a través de su historia, a lo mejor de la sociedad güinera. Conscientes de que incurriremos en valiosas omisiones, ofrecemos una lista alfabética de bomberos güineros a través de los años: Leopoldo Acevedo, Francisco Alayón, Gerardo Alayón, Jorge Alayón, José Cornelio Alfonso, Rigoberto Alfonso, Antonio Álvarez, Lino Álvarez, Daniel Ayala, Gerardo Báez, José María Báez, Eugenio Bárcenas, Julián Bofill, René Cárdenas, Virgilio Carvajal, José Casañas, Rafael Castañer, Dr. Castellanos (sin saber nombre), Leopoldo Castillo (Guara), Gerardo Ceberio, José Ceberio, Rafael Contino, Juan Delgado, Orlando Delgado, Alberto Díaz, Manuel Díaz (hijo), Isaac Díaz, Juan Domínguez, Antonio Echevarría, Armando Fernández, Cepero Fernández, José María Fernández, Manuel Fernández (Paíto), Pedro Fernández, Ricardo Fernández, Eddy Fragata, Dr. Luis Galainena, Ángel Gallusi, Dr. Abelardo Garcés, Israel García, Manuel García (padre), Manuel García (hijo), Ramón García, Dr. Alberto García Mendoza, Miguel Gómez, Antonio González, Felipe González (Chiquitico), Florentino González, Ignacio González Penichet, Juan González, Leovigildo González, Manuel González, Orlando González, Roberto González, Joaquín Hernández, Raimundo Hernández, Rolando Hernández, Manuel Izquierdo, Luis López, Fernando López Socarrás, Nicolás Lozano, Dr. Alberto Martell, Dr. Francisco Martell, Mario Martínez, Serafín Martino Pendás, Saturnino Maza, Venancio Nogués, Ing. Helio Núñez, Jacobo Núñez, Gabriel O'Hallorans, Orfilio Ortega, Julio Otero, Ángel Oya, Roberto Palenzuela, Mario Parets, Julián Peñas, Haroldo Pérez, Ismael Pérez, Domingo Ramos, Juan Ramos, Domingo Rico, Carmelo Riverón, Manuel Rodríguez, Octavio Rodríguez, Pedro Rodríguez, Ángel Ruiz, Gerardo Sarmiento, Dr. Francisco Sánchez Curbelo (Panchito), Dr. Alberto Sánchez Ocejo, Dr, Virgilio Sánchez Ocejo, Dr. Benito Torres, José Reinaldo Torres (Nao), Pedro Torres, René Torres, Alberto Valdés, Facundo Valdés, Félix Valdés, Juvenal Valdés, Rafael Valdés, Rogelio Valdés, Ambrosio Vázquez, Rafael Vázquez, Dr. Manuel Vega, Dr. Manuel de Villiers y tantos otros abnegados bomberos que escapan a la memoria.

En 1959 con el arribo del sistema comunista, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios fue intervenido, su edificio y equipos confiscados y estos últimos trasladados fuera de Güines y la mayoría de los bomberos renunciaron, saliendo hacia el destierro. Uno de los días más negros en nuestra historia local, cuando una institución de tanto prestigio, que prestaba gratuitamente un servicio tan importante y necesario, sin ninguna filiación política, fue destruída sin justificación.

Integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Güines, septiembre de 1959

(Coloque el cursor en la persona que Ud. elija para que aparezca su nombre)

Tte. Felipe González (Chiquitico) Teniente Israel García Teniente Armando Fernández Sargento Pedro Torres Coronel José Cornelio Alfonso Gerardito Báez, nieto del Coronel Báez Coronel José María Báez Coronel Juvenal Valdés Capitán Ing. Helio Núñez Capitán Dr. Luis Galainena Teniente Orfilio Ortega Teniente Gerardo Báez Juan González René Cárdenas Domingo Rico (Pito) Alberto Díaz Mario Martínez Ramón García Pedro Fernández Alberto Valdés Rafael Vázquez (Ñío) Roberto Palenzuela Manuel Díaz (hijo) Capitán Dr. Benito Torres Roberto González Sargento Venancio Nogués Joaquín Hernández Orlando Delgado Antonio Álvarez Juan Domínguez Haroldo Pérez René Torres Manuel Fernández Manuel Rodríguez Ricardo Fernández Miguel Gómez Pedro Rodríguez Capitán Eugenio Bárcenas Mario Parets Rafael Valdés Rigoberto Alfonso

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