Siglo XVIII -Época colonial (1701-1800)

1700   Por el 20 de mayo de 1700, aparece la primera partida de bautismo que ha llegado a nuestros días, ya que al libro le faltan hojas. Es la de Antonio, congo esclavo de don Martín de Soto, siendo su padrino otro esclavo, Marcos Sepero.
El padre Agama fue párroco de Güines por 39 años.
Junto a la ermita inicial, ya convertida en iglesia, estaba el cementerio o camposanto, siguiendo la costumbre española de aquellos tiempos, que más tarde fue abolida por insalubre.
1735  
Fray Gerónimo Valdés
Fray Gerónimo Valdés, Obispo de Cuba
(1646-1729)
Juan Lazo de la Vega y Cancino
Juan Lazo de la Vega y Cancino, Obispo de Cuba
(1674-1752)

Al obispo Compostela sucedió en la Diócesis de Cuba, fray Gerónimo Valdés y a éste, Juan Lazo de la Vega y Cancino. Este último visitó el curato de San Julián el 11 de enero de 1735. Recorrió la llanura y contempló las siembras de los moradores que en el corral Los Güines tenían su vecindad. Determinó cambiar la cabecera de la parroquia para el corral cuyas tierras surcaba el caudal de aguas de un río, con una arteria principal atravesando de este a oeste el territorio cuajado de vegas con empalizadas y muchos bohíos que alzaban sus cobijas de guano. Ordenó edificar de su peculio una casa iglesia que según el inventario existente en el archivo parroquial: “es toda de tablas con 16 varas de largo [13.36 metros] y siete de ancho [5.85 metros] y su sachristía con 6 varas de largo, [5.01 metros] un cuarto alto encima, todo muy decente. Un altar mayor que se compone de un cuadro de Ntra. Sra. de la Concepción, un Señor San Julián. Una campana como de cuatro arrobas, [46 kilogramos] que con parte de su caudal compró el cura Juan Thomas Álvarez Fonseca”.

El padre Agama se disgustó con el cambio del lugar de la parroquia y el obispo de la Vega lo reemplazó nombrando sustituto del mismo interinamente, al padre don Simón de Thorres, entrando poco tiempo después de propietario don Juan Tomás Álvarez Fonseca quien estuvo de cura párroco en Güines hasta 1761.

1737   Dos años después, en 1737 el obispo de la Vega visitaba otra vez la cabecera, el 14 de enero y ya la iglesia estaba terminada. Era de cedro sobre horcones de jocuma. Bendijo la nueva iglesia imponiendo a la parroquia el nombre de San Julián y San Francisco Xavier de los Güines ya que era muy devoto del santo vasco San Francisco Javier (1506-1552), por lo que el naciente pueblo gozó del amparo de dos santos patronos.
1748  
San Francisco Javier
San Francisco Javier,
Co-patrono de Güines
El crecido número de personas atraídas a las márgenes del Mayabeque por el cultivo del tabaco, fuente principal de riqueza de la zona, llevó al gobernador Güemes Horcasitas a crear el empleo de celador de vegueríos aunque no fuese éste su verdadero nombre. Por despacho del 2 de agosto de 1748, el gobernador Caxigal ratificó al capitán Francisco de Agama, del partido de San Julián de Güines, en su comisión otorgada por Güemes, “para cuidar y celar las labores de tabaco…para el esmero y cuidado de que los labradores vivan en quietud y pacífica sujeción, por la multitud de personas que en dicho partido habitan”. El prestigio del tabaco del Partido de Güines era ya exaltado al mediar el siglo XVIII.
1755   El obispo S.I. Dr. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz de Lora, hizo notar en 1755, que era “lástima no se establezca un pueblo en este país, por ser muy fructífero y deleitable. Produce el afamado tabaco que se distingue entre todos con el renombre de Los Güines”. Ya a mediados de siglo, en torno a la modesta iglesia de San Julián, fundada en 1735, se agrupaban unos 40 bohíos como germen urbano.
 
S.I. Dr Pedro Agustín Morell
S.I. Dr Pedro Agustín Morell de Santa Cruz de Lora, Obispo de Cuba. Fundó en Güines en 1766 el Hospital de la Pura y Limpia Concepción
Los vegueros aplicaban las aguas del Mayabeque al riego de sus sembrados, en un esbozo de lo que vendría a ser con el tiempo la Comunidad de Regantes de Güines. Explicaba el obispo Morell que “el terreno es tan llano que apenas se percibe declive hacia alguna parte. Riégalo un río titulado La Vija. Sus aguas extremadamente cristalinas, delgadas y saludables, no solo bebidas sino tomadas en los baños a los cuales concurre gran multitud de gentes de esta capital. Las vegas existentes en sus riberas son regadas por conductos que giran por todas ellas. Sus moradores gozan de gran robustez y de unas noches muy claras y frescas. En conclusión, tanto quieren ponderar su amenidad y hermosura que lo comparan con el Paraíso Terrenal”.
1761   En 1761, a la muerte del párroco Juan Tomás Álvarez Fonseca, ocupa interinamente el curato de Güines, el bachiller don Antonio Sánchez de Orbea quien fue sustituído el 2 de agosto de 1761 por el bachiller don Esteban Conde, párroco propietario de Güines por 5 años, hasta el 2 de mayo de 1766.
1763   Desde que, con la restauración española en 1763 comenzó el interés en una mayor explotación económica de Cuba, Güines, por su cercanía a La Habana, fue una de las áreas más atractivas.
  En ese año, la iglesia fue dotada de una campana chica con la inscripción: Santa Maria, ora pronobis.
1766   En 1766, el obispo Morell en otra visita a Güines, fundó el hospital que llamó De la Pura y Limpia Concepción, que instaló en una casa comprada a don Miguel de Ayala y Fernández de Velasco, debido a la necesidad que había de atender a tantos enfermos de los cortes de madera en los montes de la jurisdicción.
  En ese mismo año, el bachiller don José Domingo de Castro, fue nombrado párroco interino de Güines el 2 de mayo durando 3 meses en su cargo, hasta el 18 de agosto de 1766, cuando se instaló en la parroquia güinera, don Juan de Dios Alonso y Rodríguez Orta quien tomó posesión de su cargo el 23 de noviembre de 1766 durando como párroco de Güines por 23 años, hasta el 8 de enero de 1789.
1768   El 15 de octubre de 1768, un violento huracán que llamaron de Santa Teresa por haberse desatado en el día de la Santa, azotó la zona y ocasionó serios desperfectos a la iglesia, teniendo que depositarse el Santísimo Sacramento en la casa de don Miguel de Ayala. Cuenta el cura párroco de aquel entonces, don Juan de Dios Alonso Rodríguez Orta, que se cayeron más de 40 casas entre chicas y grandes, se maltrató mucho el hospital, se destrozaron todos los montes y creció mucho el río, de suerte que se perdieron las cosechas y los frutos recogidos.
1769   Este huracán dió motivo para que el cura Alonso Rodríguez Orta pensara en la construcción de una nueva casa templo. Por eso el viernes 3 de marzo de 1769, hizo la bendición de los cimientos de la que había proyectado, con la anuencia del obispo Morell y delante del vecindario y otras autoridades, comenzaron los trabajos.
1773   Cuatro años después, el 22 de octubre de 1773, se inauguró el Altar Mayor que había sido esculpido por Valentín Sánchez celebrándose la Santa Misa junto al mismo.
1775   Fue en 1775 que visitó el Partido el gobernador don Felipe de Fonsdeviela y Ondeano, marqués de la Torre, quien recibió al vecindario en la iglesia donde Francisco de Gama Navarrete y Pedro de Ayala, como apoderados de los hacendados y vegueros de la zona, le entregaron, el 29 de agosto, una solicitud al rey de España Carlos III, a través de su conducto, para que le concediera el título y gracia de Villa en el centro de la hacienda Los Güines, en atención a las ventajas naturales y el progreso de su agricultura. Villa es una población que tiene privilegios que la distingue de las aldeas, pueblos y lugares, con Casa Consistorial y Corporación Municipal. El título de Villa es conferido por el Rey y tiene derecho a usar escudo. Escribían orgullosamente del río El Español, Vigía o La Catalina—el Mayabeque recuperado de la toponimia indígena–cuyas “aguas muy saludables…bañan y riegan fácil y abundantemente… [sus terrenos]… perfectamente llanos…sin riesgos de inundación… tan fértiles que… se logran copiosas recoltas (sic) de todos los frutos del país y con especialidad tabaco del mejor nombre y superior calidad….” A cambio de la merced del título de Villa a la población que se comprometían a edificar según una nueva planta y régimen, ofrecían los vecinos al rey, por mediación del marqués de la Torre, “20,000 libras de tabaco verdín apaleado que entregarían en cuatro años.”
 
Carlos III
Carlos III, Rey de España 1716-1788
El gobernador marqués de la Torre apoyó el proyecto, “pues ningún pedazo de tierra había en toda…[la Isla] ni más sano ni más fértil ni más hermoso…a que se agregaba el crecido número de vecinos…establecidos y la reunión que iban haciendo de las casas en la cercanía de la Iglesia parroquial”. Era el pueblo, continúa el marqués, “de fácil entrada y salida por sus buenos caminos para aumentar el tráfico interior de la población de la Isla”. La población del Partido era en 1775 de 365 vecinos y 2,340 personas. En el pueblo había 64 casas. Las vegas, que sumaban 266, ocupaban sólamente una quinta parte del territorio y dominaban la economía según las cifras elevadas al Capitán General. También en 1775 y 1785 les fueron mercedadas tierras realengas próximas a Güines al gobernador conde de Ricla y al victorioso general Bernardo de Gálvez debido a la riqueza de esta zona tan próxima a la capital.
1777   El 6 de julio de 1777 a las 4 de la madrugada, un fuerte terremoto estremeció a Güines durando casi 2 minutos, cuyo sismo se sintió en toda la zona.
1778   El 16 de abril de 1778, Jueves Santo, se estrenó el Sagrario con la asistencia de la Cofradía de la que era Mayordomo el capitán Simón Ayala.
1779  
Obispo Santiago José Hechavarría Elguezúa
Obispo Santiago José Hechavarría Elguezúa, Obispo de Cuba
(1725-1789)
En marzo de 1779, el obispo Santiago José Hechavarría Elguezúa, Obispo de la Diócesis, visitaba la parroquia en la que estuvo 4 días confirmando a 1,600 personas.
El 25 de julio de 1779 se publicó por cedulones y pregoneros en toda la población, la guerra entre España y Francia.
La iniciativa local de solicitar el título de Villa, hecha en 1775 como describimos anteriormente, fue acogida en términos ilustrados en una Real Cédula de Carlos III, el 30 de septiembre de 1779 al gobernador, en la cual se declara: “Contemplando por una parte cuán útil es al Estado el que la América se pueble y reduzcan a civilización y buen gobierno sus dilatados terrenos; y por otro las buenas disposiciones del Partido…[de Güines] he resuelto hacerle la gracia de erigirla en villa. Y para que se verifique según mis reales intenciones, os ordeno y mando paséis personalmente a su población o enviéis en su caso, de no poderlo ejecutar, persona de toda vuestra satisfacción que, sin ocasionar gravamen ni costos a los vecinos, se encargue de reconocer y apear las tierras y de señalar los exidos, dehesas y propios, con arreglo a las leyes de esos dominios, lo cual evacuado sin resistencia, prevendréis a los vecinos moradores del Partido de San Julián de los Güines edifiquen y construyan a expensas propias, o proponiendo arbitrio que no infiera ni prepare detrimento a mi Real Erario, casas capitulares cómodas y decentes, cárcel segura y una carnicería, con la comodidad y aseo posible, cuyos requisitos verificados, me daréis cuenta, para que se expida el título de villa, que deberán acudir a solicitar los pobladores”.
El 10 de octubre de 1779, el cura Juan de Dios Alonso y Rodríguez Orta instaló una campana de 30 arrobas [345 kilogramos] fundida en el ingenio Cruz o Nuestra Señora de las Mercedes con dinero y piezas de oro y plata recolectadas entre el vecindario, siendo José Miguel de Rojas, el maestro fundidor, dándosele a la campana el nombre de San Julián.
1784   El lento proceso de la fundación continuó en septiembre de 1784 cuando una Comisión Militar comenzó las mediciones de las sesenta caballerías (805.2 hectáreas) designadas al Partido y las fijaciones de ejidos en términos útiles, según lo proveía la Ley 13, Título 7, del Libro 4 de las Leyes de Indias. Los planos de la población levantados por esta Comisión, presidida por el brigadier don Luis Huet, ingeniero director de La Habana, quien calculó generosamente las demandas territoriales de la Real Cédula de 30 de septiembre de 1779 y señaló 5 caballerías (67.1 hectáreas) para la Villa; 10 para dehesa (134.2 hectáreas); 40 para propios (536.8 hectáreas) y 5 para ejido (67.1 hectáreas). Preparó un plano con la indicación de que las tierras a urbanizar debían ser tomadas a los vecinos poseedores. Estos se negaron, reclamando a cambio, no dinero, sino otras tierras realengas.

1786

 
Plano de Güines, 1784
Plano de Güines, 1784
Este proyecto del ingeniero Huet fue aprobado por la Real Cédula del 16 de diciembre de 1786, la cual ordenaba se buscase la conformidad de los vecinos y se garantizase la ejecución de las obras municipales básicas. Tales obras requerían 27,245 pesos y como el valor estimado total de los bienes de los vecinos era de 657,825 pesos, se creyó excesivo gravarlos con un 4% de sus capitales, como se había sugerido.
1787   Ignacio de Gama y Navarrete, diputado de los vecinos de Güines, escribía al rey el 6 de junio de 1788 que 550 familias solicitaban la erección formal de la Villa, obstaculizada por, “los designios particulares de una familia numerosa y poderosa, interesada en que no tenga efecto”.
  Se trataba de Miguel y Simón de Ayala, padre e hijo, propietarios de parte de las tierras delimitadas por el ingeniero Huet para la Villa y quienes demandaban cargos en el Cabildo y pago al contado por su propiedad. Como curiosa nota histórica de este evento, en un escrito al rey Carlos III, fechado el 13 de octubre de 1787, se dice: “el vecindario, Señor, se compone la mayor parte de hombres pusilánimes e incautos que sólo tienen conocimiento de sus labores de campo que son las sementeras de tabaco en que se ocupan con notorias ventajas del Real Erario y de que les distraen las persecuciones de Don Simón, auxiliadas de Don Pío, Don Pedro y Don Dimas de Ayala, sus parientes, y del capitán del Partido Nicolás Rodríguez de Lino”. Este escrito pedía se condenase a don Simón, el escribano, por haber llamado a voces, “perros, mulatos, perjuros y ladrones” a los pobladores.
  Era Miguel de Ayala, escribano mayor del gobierno de La Habana y dueño de las cinco haciendas: Güines, Nombre de Dios, Vigía, Yamaraguas y San Antón, poseídas fraudulentamente, según se denunciaba.
1788   Ignacio de Gama y Navarrete aseguraba al rey en su escrito del 6 de junio de 1788, que la producción de azúcar y de tabaco selectísimo, “pueden mejorarse y aumentarse aprovechando las aguas del río que le baña; puede así mismo hacerse navegable este río, a poca costa, y servir para la conducción de maderas hasta los arsenales de La Habana, mediante que los cortes principales existen en el término de la nueva villa; facilita la comunicación de la Capital con las poblaciones, y puede prestar socorros a todas en casos de necesidad, como sucedió en el asedio de La Habana por las armas británicas… sirviendo de refugio a muchas familias y de resguardo a los caudales de Vuestra Real Hacienda, y de particulares, con otras ventajas innumerables”.
  El Consejo dió la razón a los vecinos, antes las reclamaciones de los Ayala, por estimar que, “el interés particular debe ceder al beneficio común”, aunque autorizó compensar a esta poderosa familia, con otras tierras realengas, aquellas que perdían.
1789   El 4 de septiembre de 1789 ocupa la parroquia güinera como párroco propietario el presbítero don Agustín José de Hermosilla, quien fue párroco por 35 años hasta el 6 de enero de 1824 en que falleció.
 
Don Luis de las Casas Arragorri
Don Luis de las Casas Arragorri, Gobernador de Cuba (1790-1796)
Dos nuevas Reales Cédulas fechadas el 14 de mayo y el 6 de octubre de 1789, favorecieron el plan, pero sin lograr resultados. Finalmente, el gobernador don Luis de las Casas, interesado vivamente en el fomento azucarero ya iniciándose en Güines —terminaría el ilustrado gobernador siendo dueño de ingenio en la futura jurisdicción— encomendó en 1791 a don Nicolás Calvo, caballero de la Orden de Carlos III, poner al día el proyecto de la nueva Villa y en particular, resolver el problema creado por la demanda de cuantiosas “tierras comunes” incluída en los planos del ingeniero Huet.
1793   En su informe del 23 de octubre de 1793, Calvo rechaza la necesidad de 55 caballerías (738.1 hectáreas) de tierras públicas, pues de exigirse, “habrá muchos vecinos a quienes será sumamente gravosa la erección de la nueva villa,” al no haber “tierras realengas” ni “huecos” para compensar a los expropiados. Y agregaría Calvo elocuentemente que no se trataba de una población en tierra nueva, tipificada por las Leyes de Indias: “En esta Isla no hay ya un solo indio, ni casi un solo palmo de tierra que no tenga su legítimo dueño. Así, pues, todo el Partido de Güines pertenece a distintos labradores blancos, que cada uno tiene su pequeño pedazo de tierra de donde saca el sustento de su familia”.
1796   Los diputados de Güines, Ignacio de Herrera y Arriaga, Pedro de Jesús Hernández, Diego Gómez Montes y Francisco Enríquez, apoyaron las proposiciones de Calvo, pero todavía el 12 de marzo de 1796, informaba el gobernador Las Casas a Madrid que en 20 años sólamente se había desmontado el terreno, a pesar de los gastos en trámites jurídicos.
1797   La riqueza excepcional de los suelos arcillosos rojos de la Llanura La Habana-Matanzas cubiertos todavía a finales del siglo XVIII por extensos bosques, convirtieron a Güines en centro de la expansión cafetalera y azucarera desde el inicio de la prosperidad que se produjo entonces en la Isla. Esa misma riqueza agrícola y la importancia general de la región, hicieron concebir al conde de Santa Clara la idea de canalizar el río, con el fin de establecer una vía fluvial que permitiese la exportación de los frutos cuya idea había sido originalmente propuesta al rey por Ignacio de Gama y Navarrete en su carta al monarca del 6 de junio de 1788. En efecto, en 1797, los ingenieros don Francisco y don José Lamur, hicieron los correspondientes estudios. La canalización nunca llegó a verificarse.
1798   Gobernaba Cuba el conde de Santa Clara cuando una Real Cédula fechada el 24 de febrero de 1798 aceptó el plan de Calvo. Agradó particularmente al rey, “la espaciosidad de las calles, por parecerle ser un objeto de la mayor atención en el primer asiento de las poblaciones, y que por no haberla tenido en tiempo, lloraban infructuosamente muchos pueblos en su engrandecimiento, entre ellos esa capital [La Habana]”.

Esta Real Cédula de 1798 ordenaba la constitución del cabildo secular de la nueva Villa y que se repartiesen solares en los cuales se edificarían casas de mampostería o guano. Quienes recibiesen solares debían delimitarlos con zanjas en sus cuatro lados, “para evitar disputas y usurpaciones ”.

El tabaco que sostenía a los primeros cultivadores del Partido en 1775 (266 vegas y 1,712 habitantes) fue pronto rebasado por la caña de azúcar que, a partir de Güines, se extendía por las tierras nuevas de su jurisdicción, cuyos límites incluían desde el Partido de Alacranes, al este hasta Guara, al oeste, con un área calculada en un equivalente a 2,415 kilómetros cuadrados.
Mientras el cultivo tradicional, el tabaco, quedaba reducido a las inmediaciones de Güines, desde los años finales al siglo XVIII comenzó la fundación de los ingenios modernos en las tierras que iban siendo desmontadas, pues, según subraya Pezuela, “éste fue uno de los primeros territorios de que se apoderó… el trashumante cultivo de la caña, pero que, con el paso de los años, iría abandonando las tierras ya cansadas y avanzando hacia puntos más distantes dentro de la jurisdicción”.

Las obras de riego permitieron el cultivo intensivo de huerta en las tierras cercanas a la población, particularmente después de ser perfeccionado el regadío por el ingeniero francés Bailly. Ésa fue una de las causas principales del florecimiento de la región, que llegó a ser una de las comarcas cubanas de mayor rendimiento agrícola.

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